Por qué vale la pena hacer un presupuesto
Sin presupuesto, el dinero primero se gasta y después se cuenta. Con un presupuesto, el orden se invierte: decides de antemano cuánto destinas a cada cosa y, a final de mes, compruebas si lo has cumplido. Tiene tres ventajas claras:
- Sabes cuánto puedes gastar sin poner en riesgo las facturas.
- Descubres los gastos pequeños que, sumados, se comen el ahorro.
- Puedes planificar objetivos concretos, como unas vacaciones o la entrada de un piso.
Paso 1: calcula los ingresos netos
Empieza por el dinero que realmente entra en la cuenta cada mes: la nómina neta, los ingresos de autónomo después de impuestos, alquileres, pensiones o ayudas. Si los ingresos varían, usa la media de los últimos seis meses o, mejor aún, el mes más bajo. Es preferible quedarse corto y que sobre que lo contrario.
Paso 2: haz la lista de los gastos
Revisa los movimientos del banco y de las tarjetas de los últimos tres meses y clasifica cada gasto. Una clasificación sencilla funciona mejor que una demasiado detallada:
- Vivienda: alquiler o hipoteca, comunidad y seguro del hogar.
- Suministros: luz, agua, gas, internet y teléfono.
- Alimentación: supermercado y mercado.
- Transporte: combustible, transporte público y mantenimiento del coche.
- Ocio y restaurantes: cenas, salidas y suscripciones.
- Otros: ropa, salud, regalos y formación.
No te olvides de los gastos anuales o trimestrales, como los seguros, los impuestos o la revisión del coche. Divídelos entre doce y reserva cada mes la parte que les toca.
Paso 3: reparte el dinero con la regla 50/30/20
Si no sabes por dónde empezar, la regla 50/30/20 es un buen punto de partida:
- 50 % para necesidades: vivienda, comida, suministros, transporte y cuotas mínimas de deudas.
- 30 % para deseos: ocio, restaurantes, viajes y caprichos.
- 20 % para ahorro y deudas: fondo de emergencia, objetivos y amortizaciones extra.
No es una ley: si vives en una ciudad cara, quizá las necesidades lleguen al 60 %. Lo importante es que el ahorro tenga una cifra asignada y no sea «lo que sobre», porque normalmente no sobra nada.
Paso 4: pon un límite a cada categoría
Convierte los porcentajes en importes concretos. Por ejemplo, con 2.000 € netos al mes: 1.000 € para necesidades, 600 € para deseos y 400 € para ahorro. Dentro de cada bloque, asigna un límite a cada categoría (300 € de supermercado, 150 € de restaurantes…). Cuanto más concretos sean los límites, más fácil será cumplirlos.
Paso 5: revísalo cada mes
Un presupuesto solo funciona si lo comparas con la realidad. Dedica diez minutos a final de mes a mirar cuánto has gastado en cada categoría y ajusta los límites que no sean realistas. Los primeros meses es normal desviarse: no es un fracaso, es información para afinar el plan.
Errores habituales
- Hacer un presupuesto demasiado estricto, sin margen para imprevistos ni para el ocio.
- Olvidar los gastos anuales y encontrárselos de golpe.
- No apuntar los pagos pequeños en efectivo o con el móvil.
- Abandonarlo el primer mes que no sale bien.
Cómo te ayuda Calers
En Calers creas un presupuesto para cada categoría, con el periodo que quieras (mensual, trimestral, anual…), y ves en todo momento cuánto has gastado y cuánto te queda. Los colores te avisan cuando te acercas al límite o lo has superado. También puedes crear objetivos de ahorro con importe y fecha, y vincularlos a una cuenta para que el progreso se actualice solo.
Hazlo con Calers Presupuestos y objetivos Límites de gasto y metas de ahorro


